Lagrimas saladas de cuando te siento de lejos. Esas miradas con tinturas de desesperanza o incomprension por no saber qué es lo que queremos, de si nos queremos o si algun dia nos quisimos. Proyectos de color de rosa transformados en cenizas, unas cenizas que se esparcieron en el viento de un ayer, en el ultimo soplido de alivio al ver que no cruzabas el umbral de nuestro hogar. Unas maletas con trazas de tristeza, un mensaje en una arrugada servilleta y un adiós completaron un millon de miradas y sonrisas llenas de historias sin acabar. Todo acabó y la moraleja del relato se desvanece al igual que todas esas negativas a creernos que esto terminaría de esta manera. Termina amándonos, pensándonos, sabiéndonos y echándonos de menos pero sin comprender el futuro mutuo, en conjunto. Nos faltó una pizca para la perfecfión, una pizca de años de autoengaño y viendo como cada día el final se acercaba, hasta que nos dimos de bruces contra la línea de meta, una pole sin medalla, sin copas, sin champan y donde el primero en cruzar es el que pierde, una carrera donde la victoria es la derrota pues, ¿quién desea tocar el cielo en solitario y solamente ver que te alcanza una relación tocando techo? Un fin es el comienzo del ultimo vistazo a tu vida. Y sin él, ¿para qué? Y con él, ¡ni hablar! ¿Contradicción? No. AMOR.
ENCAPRICHAROS DE LA FELICIDAD NOCTURNA
FANI
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